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1 jul2015

Berlusconi y Mandela: el deporte como instrumento político

Si el deporte y la política tienen algo en común, es que ambos tienen el poder de movilizar a las masas. ¿Qué pasa si se unen sus fuerzas? Este cruce no es ninguna novedad dentro del mundo de la comunicación política, siendo el deporte una fuente de inspiración constante para políticos, desde la creación de slogans, forma de motivación del electorado o incluso como herramienta política.

A lo largo de este artículo se expondrán dos ejemplos del uso del deporte cómo instrumento político, describiendo el uso de Berlusconi de un equipo de fútbol como elemento central de su primera campaña electoral y la maniobra de Nelson Mandela de superar los fantasmas del apartheid sudafricano a través del rugby.

El uso de Berlusconi del AC Milán como instrumento político ha sido objeto de investigación de cientos de artículos de Comunicación Política a la hora de observar el gran aparato propagandístico construido por Berlusconi durante los ochenta para su aparición en la política en los noventa. La omnipresencia de Silvio en el mundo de la comunicación, la política y el deporte dio lugar a una hibridación de estos tres sectores “sin precedentes”1 y que muchos apuntan como irrepetible.

La entrada en escena de Berlusconi en la arena política coincide con una de las peores crisis políticas de la sociedad italiana. El proceso judicial “Tagentopoli” había revelado una extensa red de corrupción que implicaba a todos los principales grupos políticos, empresariales e industriales del momento. En este contexto de estrés psicológico colectivo y saturamiento de la sociedad italiana, Berlusconi anuncia en 1994 su discesa in campo (su descenso en el “campo” de la política)2. Este famoso discurso, el cual anunciaba la creación del partido Forza Italia, estaba repleta de retórica futbolística, desde el uso de la frase discesa in campo hasta el nombre del partido que acababa de crear, la elección del famoso cántico futbolístico Forza Italia (que viene a ser traducido como Fuerza Italia o Vamos Italia) como el nombre de su nuevo partido no era ninguna casualidad, formaba parte de una maniobra sin precedentes: vincular la carrera futbolística y la carrera política de Silvio Berlusconi. Forza Italia se construía como un paradigma organizativo transferido del mundo del deporte al mundo de la política, basando su originalidad en el uso de un lenguaje híbrido que hacía referencia constante a la experiencia de Berlusconi como presidente de uno de los equipos de fútbol más importantes del mundo.

Resaltando su rol en el ascenso del AC Milan y la publicidad que este puesto le reportaba, Berlusconi adoptó un registro de comunicación que ocultaba dos estrategias. La primera se basaba en introducir nuevas formas de motivación del electorado basadas en la psicología derivada de la competición deportiva, fomentando la percepción del mundo de la política como equipos contrarios enfrentados, en el discurso de Berlusconi. La segunda estrategia era básicamente mantener siempre presente en la opinión pública la imagen de un líder que gana todas las competiciones en las que participa. Esta segunda estrategia se vio reforzada a raíz de los triunfos del equipo milanese, los cuales acompañaron el aumento repentino y espectacular de Il Cavaliere en política. Entre 1988 y 1994, año en el que se constituyó formalmente Forza Italia, el AC Milán pasaba de ser víctima de una crisis profunda a ser campeón absoluto del calcio italiano, consiguiendo cuatro títulos de liga, tres Eurocopas, dos copas Intercontinentales y tres Supercopas. De hecho, en el mismo mes de mayo en el que Berlusconi accedía al poder, el AC Milán aplastaba al Barça 4-0 en una de las finales de la Eurocopa más recordadas de todos los tiempos. Era indudable que la trayectoria profesional de Berlusconi político y la de Berlusconi dueño de un club de fútbol iban de la mano.

Por otro lado, las correlaciones económicas y simbólicas derivadas del éxito del club, claves para la campaña, generaron una formidable suma de capital que podía ser trasladada perfectamente a la arena política, al demostrar la eficacia de la gestión berluscioniana. Desde un punto de vista más técnico, la elección de Arrigo Sachi como entrenador del AC Milán y su éxito al frente del club, a pesar de su pasado humilde y sin pedigrí futbolístico, fortaleció la imagen de Berlusconi como un hombre de negocios que apostaba por la innovación a pesar de los riesgos.

La historia de un magnate moderno, forastero del mundo político italiano, convertido en exitoso empresario del fútbol se convirtió en la parábola perfecta para construir la imagen política de Silvio, quien se vendía como un italiano frustrado con la política tradicional a disposición de los italianos para poder salvar a Italia de su crisis interna cual Mesías, tal y como lo había hecho con el AC Milán. Uno de los comentarios más sonados de Berlusconi en este sentido sería el que realizó sobre su rival político de ese momento, Luigi Spaventa, cuando Il Cavaliere preguntó en voz alta: “Este Spaventa, ¿cuántos títulos de liga ha ganado?”.

Tras varios años retirado de la escena política debido a su escándalos de corrupción, la sentencia que le ha exonerado del caso Ruby ha permitido que Silvio anuncie su nuova discesa in campo. Si algo hemos aprendido de Berlusconi durante sus 20 años de presencia en política es que Il Cavaliere tiene una capacidad de adaptación casi camaleónica a cualquier problema y contexto que se le presente, aunque queda por ver si será capaz de superar su índice actual de impopularidad, y si seguirá contando con su paradigma futbolístico y su club de fútbol para su nuova discesa in campo.

Como hemos podido observar, el ejemplo de Berlusconi define el uso del deporte como el engranaje central de su maquinaria propagandística. No obstante, el caso del Nelson Mandela y el rugby demuestra otra de las posibilidades que ofrece el deporte como herramienta de comunicación política: el efecto cohesionador. Queda grabado en la historia de la política el final de la Copa Mundial de ruby de 1995, cuando el equipo de los Springboks sudafricanos y el recién elegido presidente Mandela consiguieron unir a un país al borde de la guerra civil.

El astuto Mandela durante sus 18 años de encarcelamiento se dio cuenta de la pasión de sus encarceladores por este deporte. Comentando los partidos con ellos y hablando con propiedad sobre el deporte, Mandela observó que era capaz de desarmar la tensión que existía en el trato que tenía los guardianes hacía él.

A su salida de la cárcel y tras su elección como presidente del país, Mandela decidió que usaría el arma del rugby, el deporte preferido de los boérs, para superar las tensiones raciales. Tras convencer a los Boks (quienes tenían un solo jugador mulato entre sus filas) de lo necesarios que eran para su estrategia, el equipo aceptó el desafio, adoptando la canción Nkosi Sikele África como himno del equipo y abanderando el eslogán “One team, one nation” en sus campañas publicitarias. Mandela por su parte centró gran parte de su agenda política en simplemente asistir a los entrenamientos del equipo.

Durante las seis semanas que duró el campeonato mundial, los triunfos de los Boks se habían convertido en los triunfos de toda la nación sudafricana, consiguiendo lo que a penas un año antes parecía imposible: reunir negros y blancos en los estadios y delante de los televisores para compartir el éxito del equipo, quienes lograron su pase a la final del campeonato.

Minutos antes de comenzar la gran final, Mandela bajó al campo para saludar a los jugadores enfundado en la camiseta verde del equipo, consiguiendo arrancar entre los asistentes del estadio Ellis Park de Johannesburgo, en gran mayoría afeikáneres, una tremenda ovación al son de los gritos de su nombre. Tras un agonizante partido, los Boks consiguieron hacerse con la victoria, desatando la euforia en Sudáfrica. Mandela volvió a bajar a la cancha para entregar la copa al capitán, Francois Pienaar, agradeciéndole por lo que había hecho por su país, a lo que Pienaar contestaría: “No señor presidente, gracias por lo que usted ha hecho”3. Mandela había conseguido garantizar la unidad nacional gracias a las connotaciones identitarias que desprende el deporte.

A pesar de lo raro que resulta comparar Berlusconi y Mandela en un mismo artículo, ambos han sido los políticos que mejor han sabido exprimir la metáfora deportiva en su comunicación política. Queda más que patentado con sus ejemplos que el vínculo estratégico deporte, identidad y comunicación política es una fuente inagotable de simbologia, capaz de resonar como ninguna otra entre la opinión pública. No obstante, hasta aquí llega la comparación entre ambos. Para Il Cavaliere, el deporte simbolizaría una historia de éxito y poder y una forma de dividir la sociedad italiana en equipos. Para Madiba, el deporte significaría la dinámica de cambio necesario para derribar muros y construir puentes en su país.

1Nicola Porro y Pippo Russo “Berlusconi and Other Matters: The Era of 'Football-Politics'” (2001), Universidad de Casino y Universida de Florencia, pg. 348

http://users.polisci.wisc.edu/schatzberg/ps616/Porro2001.pdf

2 Berlusconi scende i campo – 1994 https://www.youtube.com/watch?v=3OlQ762Qh-A

3“El rugby como milagro sudafricano”, periódico Semana, 7/12/2013 http://www.semana.com/mundo/articulo/mandela-el-rugby-para-unir-sudafrica/367325-3

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