Blog

24 jun2015

Los símbolos patrióticos en la comunicación política ¿Acierto o equivocación?

Desde que el pasado 21 de junio, Pedro Sánchez fue proclamado candidato por el PSOE a las elecciones nacionales, no tanto su discurso como su puesta en escena han dado para un sinfín de artículos periodísticos, viñetas, minutos de televisión, alguna tertulia entre entendidos del tema y, por supuesto, memes.

No es la primera vez que el Secretario General del Partido Socialista sorprende con un estilo norteamericano en sus intervenciones. Un candidato que juega al baloncesto en espacios de entretenimiento televisivo, estudia minuciosamente su vestimenta y se atreve a llamar al presentador de un conocido programa de “salsa rosa”.  Estos días, el tema de discusión es la impresionante bandera española que acompañó el discurso del ya oficial candidato a la Presidencia del Gobierno español.

 

Barack Obama, campaña año 2008: la bandera de los Estados Unidos forma parte de su branding personal. A su logo de campaña, la famosa O, y a su lema “Yes We Can” se les agregó un mar de franjas rojas y azules.

El mensaje patriótico, la simbología, inviste de un aire presidencial al candidato e invita al elector -bajo un lenguaje y mito trascendental- a unirse más allá de las diferencias de origen, religión o ideología por un bien en común.

Pese que los norteamericanos consideran normal y cotidiano ver la bandera de su país en los actos de campaña de los candidatos, en un país como el nuestro – donde la simbología del Estado está en discusión constante- esto da para comentar.

 

¿Fue un acierto el uso de la bandera española en el discurso?

La simbología patriótica ha estado asociada tradicionalmente al PP, cuyo framing es la centralidad y la nación. El PSOE, sin embargo, ha marcado siempre como obvio el reconocimiento de los símbolos del Estado sin hacer un excesivo uso de los mismos.

Ahora, al mostrar públicamente la bandera, el PSOE quiere callar las acusaciones de radicalismo y populismo que le achaca el PP tras los pactos del 24M. Conjurar la estrategia del miedo ha sido el objetivo principal de la comunicación no verbal del discurso. La bandera simboliza la unidad y complementa el eslogan de la candidatura “El cambio que nos une”.

La cuidada puesta en escena, más allá incluso de la bandera, tiende la mano a un padre/madre de familia. Pedro Sánchez, al más puro estilo “yanqui”, presenta a su esposa y menciona a sus hijos en su discurso: “Gracias porque cada noche, cuando regreso a casa, su alegría borra mi cansancio” intentando sintonizar con un elector desencantado al que intenta recuperar. 

 

Dentro del partido (y fuera) ha habido voces disonantes a quienes el discurso y la bandera les ha parecido fuera de lugar[1]. “Poca naturalidad, mucho ensayo” recogía el diario El Mundo el pasado 22 de junio[2].

La bandera española es una iconografía con el que no todo el electorado de izquierda se siente identificado. Existen sensibilidades en comunidades autónomas y de vertientes ideológicas republicanas a quienes les cuesta asociarse a esta bandera por argumentos históricos. ¿Podría provocar  un  efecto negativo (en vez de positivo) en su público?[3]

La conclusión a la que todos llegaremos, detractores o fanáticos, es que el marketing ha logrado su propósito: generar impacto.

 

[1] Inaki Gabilondo en su videoblog “La Voz de Iñaki”, 22/06/2015: <> http://blogs.elpais.com/la-voz-de-inaki/2015/06/pedro-s%C3%A1nchez.html

[2] <telepromter y poca alma en el discurso>> El Mundo, 22/06/15. http://www.elmundo.es/espana/2015/06/22/5587163de2704e111f8b457b.html

[3] Vertientes dentro de la politología aconsejan a los partidos de izquierdas crear una nueva estrategia de comunicación patriótica. Véase Miguel Candela, 2014, “Cómo gritar Viva España desde la Izquierda”, Ed. Bubok.

 

Añadir comentario
Comentarios
Introduzca su nombre
Introduzca un email válido
* Campo requerido
No hay ningún comentario