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22 jun2015

Historia de unas encuestas equivocadas

Ya ha pasado más de un mes después de la celebración de las elecciones generales británicas, cuyo resultado dejó atónitos a su electorado. Tras meses de sondeos y encuestas electorales que inauguraban un “hung parliament”, un parlamento compuesto de partidos incapaces de alcanzar la mayoría absoluta, los británicos se despertaban el 8 de mayo con la noticia de que David Cameron había sido reelegido con una mayoría absoluta.

El triunfo conservador provocó una cadena de dimisiones la mañana siguiente de los comicios: Ed Miliband, a quienes las encuestas daban como posible vencedor de las elecciones mediante pactos con el partido nacionalista escocés, convocaba una rueda de prensa anunciando su dimisión como líder del partido laborista; Nick Clegg dimitía, víctima de la desaprobación de sus votantes sobre su experimento de mezclar agua y aceite en la legislatura anterior con los conservadores; y el siempre carismático Nigel Farage veía como el sistema electoral británico le jugaba una mala pasada, ganando solo un “seat” a pesar de sus casi 4 millones de votos, abandonando el barco de UKIP ante tal descalabro.

El escenario resultante, la mayoría absoluta de un partido y el debacle de otros, es un desenlace de lo más normal en política – unas elecciones son, al fin y al cabo, la historia de vencedores y perdedores. Lo sorprendente de este relato en concreto es el fracaso de las encuestas en prever una victoria conservadora tan aventajada sobre los laboristas. Tal ha sido la alarma sobre esta cuestión que actualmente el BPC – The British Polling Council-, está liderando una investigación para esclarecer el por qué de la poca precisión de los sondeos preelectorales. En un comunicado publicado en la BBC, el BPC declaraba que “el hecho de que todos los encuestadores subestimaron la ventaja conservadora sobre los laboristas sugiere que los métodos usados deben ser sujetos de una investigación cuidadosa e independiente”.

Las encuestas electorales se definen como una foto fija, algo borrosa, de las opiniones del electorado estudiado en un momento determinado. Obviamente, los sondeos preelectorales no pueden predecir con exactitud el resultado final de unas elecciones, el cual depende solo y exclusivamente de la decisión final del elector al depositar su voto en las urnas. Lo que sí tienen que hacer es diagnosticar la tendencia del comportamiento de los votantes, cocinando sus previsiones a partir de una intención de voto directa más el cruce con otras respuestas de recuerdo de voto, simpatía y/o posicionamiento ideológico.

En el período previo a los comicios, casi todas las encuestas nacionales importantes vaticinaban un empate entre los dos partidos mayoritarios. Las predicciones para los LibDem fueron bastante acertadas, como también lo fueron para UKIP y los Verdes. Lo raro es que los augurios para los conservadores y los laboristas fueran tan desacertadas. David Cowling, editor del departamento de Investigación Política de la BBC, indica que, analizando ahora los sondeos, cuando se permiten todas las calificaciones de los márgenes de error, sí que parece evidente una exageración sistemática de la cuota de Labour, mientras que también se da una subestimación igualmente sistemática de la cuota de Conservative. ¿Cómo es posible que nadie pronosticara una diferencia tan amplia del 6.5% de intención de voto entre conservadores y laboristas?

Echando la vista atrás, no es la primera vez que la metodología de las empresas encuestadoras británicas se encuentra bajo lupa. Tras tres victorias consecutivas conservadoras, los sondeos preelectorales de 1992 aseguraban que los laboristas vencerían las elecciones por una ventaja pequeña o, en el peor de los casos, se daría lugar a un hung parliament. No obstante, la victoria de los conservadores fue aplastante, obteniendo el número de votos más altos en la historia de Gran Bretaña. El enorme fallo de los sondeos dio paso a una investigación independiente de Market Research Society, que reveló un fenómeno electoral que nunca había sido considerado: “The Shy Tory Factor”, el factor del tory tímido. El informe realizado por Market Research Society aseguraba que el 2% del 8.5% de error podía ser explicado debido a la negativa del electorado conservador de revelar sus intenciones de voto, citando como evidencia el hecho de que los sondeos a pie de urna del día de las elecciones también subestimaron la ventaja conservadora.

El descubrimiento de esta investigación obligó a la mayoría de las empresas encuestadoras británicas a cambiar su metodología para poder rastrear con mayor precisión este comportamiento electoral. Algunos se decantaron preguntar a los entrevistados por qué partido habían votado en anteriores elecciones, suponiendo que repetirían sus tendencias. Otros decidieron ponderar su panel de manera que el voto pasado de los entrevistados coincidiera con el resultado de las elecciones.

¿Se repitió el fenómeno del tory tímido en estas elecciones? Intentando entender la escala ideológica del votante británico para encajarle en un determinado perfil, parece que las encuestas hicieron caso omiso a la diferencia entre la actitud de una persona a la hora de expresar su opinión en una encuesta y la decisión que toma al depositar su voto. La pregunta que parece no haberse hecho en los sondeos es: “si mañana se celebrasen las elecciones generales, ¿usted a quién votaría?”.

El votante medio británico quizás no estaba de acuerdo con los valores de los Conservadores, bautizados coloquialmente como “el partido de los ricos” y criticados por estar desconectados de la realidad de la clase media-baja británica. Pero, a pesar de expresar una actitud anti-Tory en los sondeos, el votante británico obviamente tenía otras cuestiones en mente a la hora de tomar su decisión en las urnas. En un clima político cómo el actual, el liderazgo del candidato y su postura en economía parecen haber sido determinantes, y en ambos temas había un diagnóstico claro: los encuestados confiaban más en la gestión de Cameron que en la de Miliband. ¿Factor del tory tímido o factor del votante pragmático?

A la espera del informe final de la investigación de la BPC, está claro que el caso de las elecciones del 2015 británicas será una referencia en el ámbito de las ciencias sociales y de la estadística y del cual se podrán extrapolar todo tipo de conclusiones. Quizás el problema también se pueda deber al diseño muestral, las dificultades en interpretar la “no respuesta parcial” de los encuestados o incluso la decreciente participación de la población en las encuestas (todas estas cuestiones dignas de un artículo aparte). Lo que queda claro de la historia de estas encuestas equivocadas es que existe una clara diferencia entre ideología y racionalidad del votante a la hora de tomar una decisión, ambas cuestiones muy diferentes que demandan preguntas muy diversas a la hora de ser analizadas.

 

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