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11 jul2011

Ikea, relato de oposición, no de gobierno

Cada acción de comunicación ha de estar planificada, conociendo siempre las consecuencias de la decisión que se va a tomar. El relato completo de lo que vamos a contar ha de estar diseñado, preconcebido desde un primer momento, sabiendo a qué puerto vamos a llegar, qué inclemencias del tiempo nos vamos a encontrar, qué cambios de rumbo tendremos que hacer. En definitiva, planear el viaje para que sea lo más plácido posible.   Sin embargo, es muy común tomar una iniciativa en base a ideas preconcebidas, sin que se sepa qué nos deparará, improvisando, infravalorando al adversario e incluso a aquellos que cuentan lo que ven, los medios de comunicación. Esta travesía suele terminar en una playa desconocida y eso no suele ser nada bueno. La comunicación del Partido Popular en Sevilla viene siendo extraordinariamente buena desde hace cinco años. El trabajo en la oposición ha sido adecuado, eficaz e inteligente. El relato del candidato Zoido se ha repetido hasta la extenuación. El hombre dialogante, cercano, que consensua y habla con todos, porque él no es de izquierdas ni de derechas, sino de Sevilla. Esa imagen construida a fuerza de ser repetida ha roto los cánones de la política de la capital andaluza, consiguiendo la victoria en las últimas elecciones municipales en tradicionales feudos de la izquierda. Sin embargo, y desde que alcanzaron el gobierno con holgada mayoría absoluta de 20 concejales, están sucediendo algunos errores que en una máquina tan engrasada como la del PP sevillano, parecen sorprendentes. Podríamos hablar de los guiños a la derecha que desmienten su imagen centrada o del gravísimo error de la denuncia en el Distrito Macarena, pero el más destacado, sin duda alguna, es el cometido con IKEA. Estoy convencido que el anuncio del desbloqueo de IKEA pasando por encima de las directrices del PGOU, estaba basado en la creencia de que la creación de empleo es el principal problema de los sevillanos, y por tanto, nadie iba a osar criticar una decisión de estas características cuando se prometen 4.000 puestos de trabajo (cifra desmesurada por cierto). Además de ello, el Gobierno municipal tenía claro que la última palabra la tiene la Junta de Andalucía, cuando de una modificación del PGOU de estas características se refiere, por lo que miel sobre hojuelas. Es decir, si la Junta asumía el trágala, el Alcalde se podía apuntar la creación de empleo en la ciudad en una de sus primeras decisiones, y si no lo asumía, el Alcalde culparía a la administración andaluza de paralizar la creación de puestos de trabajo porque Sevilla estaba gobernada por el PP. Victimismo, confrontación. Uno de los sentimientos que decididamente llaman al corazón de los votantes. Y en poco menos de un año, hay elecciones generales y autonómicas. Por tanto, touché, pensarían los estrategas populares. Sin embargo, ser oposición y ser gobierno son cosas diferentes. Ese discurso que nadie había criticado durante la campaña electoral cuando el Sr. Zoido era candidato se le ha vuelto en contra. Las cañas se han vuelto lanzas. ¿Y por qué? Pues sencillo, la responsabilidad del gobernante va mucho más allá que la de la oposición, y por tanto, los mensajes han de ser más medidos y cuidados. Un Alcalde cuyo perfil construido habla de seguridad jurídica y de confianza no puede afirmar que la ley es un engorro, que son meros tecnicismos, y que se modificará cuando sea necesario, le pese a quien le pese. Fundamentalmente porque la imagen construida entonces, se difumina. Los medios de comunicación ya hablan de urbanismo a la carta, recalificaciones, plusvalías, especulación etc. El Partido Popular ha tenido que explicar que no estamos ante una recalificación, sino ante una modificación puntual remitiéndose a una ¡normativa europea!, y ya se sabe, que en comunicación, cuando tienes que explicar algo, malo.  Sin embargo, la oposición socialista no parece haberse dado cuenta de la importancia del error. No parece que recuerden el lema “Urbanismo bajo sospecha”, que hizo desaparecer al PA del escenario político sevillano, ni tampoco parecen recordar que la primera decisión de Alfredo Sánchez Monteseirín fue subir el sueldo de los munícipes, lo que supuso un lastre a lo largo de sus doce años de gobierno. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que la imagen de un alcalde puede quedar fijada con sus primeras decisiones y decretos, y que si son capaces de dejar fijado que este alcalde en sus primeros 30 días de gobierno, solo habla de recalificaciones y modificaciones del PGOU (IKEA, Altadis, Sevilla F.C.), habrán recorrido parte del camino que les separa del PP. Dos lecciones nos ofrece este episodio municipal. La primera que la comunicación que ha sido exitosa en oposición no tiene porqué serlo en el gobierno. La segunda que es fundamental fijar la imagen al principio de un mandato, y que hay que andarse con pies de plomo con los mensajes que se trasladan a la ciudadanía, porque pueden volverse en contra.
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